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La transformación del cannabis medicinal argentino está entrando en una nueva etapa. Ya no se trata únicamente de cultivo, activismo o acceso a una planta: alrededor de la medicina cannábica comienza a consolidarse un ecosistema que combina profesionales de la salud, tecnología, organizaciones civiles, empresas y generación de datos clínicos.

Uno de los casos que mejor permite observar esa transformación es Clinicann, una startup argentina de telemedicina especializada en cannabis medicinal que, según datos difundidos por la propia empresa, ya atendió a más de 20.000 pacientes de todo el país.

Su fundador y CEO, Emiliano Montamat, explica que el objetivo del proyecto es aportar evidencia clínica a una práctica que durante años se desarrolló en buena medida por fuera del sistema sanitario formal.

“Buscamos aportar a la discusión más medicina, más ciencia y más tecnología, construyendo evidencia científica en el mundo real a partir del seguimiento de los pacientes”, señaló Montamat.

De una experiencia familiar a una plataforma nacional

La historia de Clinicann comenzó alrededor de la práctica médica del Dr. José Montamat, médico cirujano, traumatólogo y especialista en tratamiento del dolor. El proyecto familiar tuvo sus primeros desarrollos en Chilecito, La Rioja, y encontró durante la pandemia una oportunidad inesperada de expansión.

La imposibilidad de mantener el modelo tradicional de atención llevó a explorar las videoconsultas. Lo que inicialmente fue una herramienta para sostener la atención médica terminó convirtiéndose en un modelo de alcance nacional.

Actualmente, distintas fuentes ubican a Clinicann trabajando con nueve médicos y un equipo de 19 colaboradores, con profesionales vinculados a áreas como clínica médica, traumatología, psiquiatría, pediatría y odontología. La atención se desarrolla mediante videoconsultas y protocolos de trabajo coordinados.

El dato empresarial es relevante porque muestra una característica que comienza a repetirse dentro del sector: la profesionalización de servicios alrededor del cannabis medicinal puede convertirse en una actividad económica por derecho propio.

La telemedicina como puerta de entrada al sistema sanitario

Uno de los datos más llamativos surgidos del relevamiento de Clinicann es que más del 80% de los pacientes consultados afirmó que el contacto con la plataforma había sido su único contacto con un médico durante el último año.

La cifra pertenece a una encuesta de la propia empresa y, por lo tanto, no debe interpretarse como una estadística representativa de toda la población argentina. Pero sí permite observar un fenómeno concreto: para algunas personas, una consulta vinculada al cannabis puede transformarse también en una puerta de entrada a una atención médica formal.

El director médico de Clinicann, Dr. Ezequiel Kalb, describió parte de esa realidad al analizar el perfil de los pacientes que llegan a la plataforma.

Según el observatorio clínico mencionado por EcoCuyo, sobre 3.427 historias clínicas analizadas, el 75,6% de las consultas estuvo relacionado con dolor crónico o musculoesquelético; el 55,5% de los pacientes tenía entre 30 y 44 años y el 38,4% residía fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires.

Otro dato significativo es que el 61% manifestó haber utilizado cannabis de manera autogestionada antes de buscar acompañamiento médico formal.

Ese último indicador plantea uno de los grandes desafíos de la medicina cannábica contemporánea: transformar prácticas de autoconsumo terapéutico en tratamientos supervisados, con diagnóstico, seguimiento, registro de resultados y evaluación de riesgos.

Dolor, sueño y salud mental

El perfil de consulta también ayuda a desmontar una imagen todavía instalada sobre el cannabis medicinal como una herramienta exclusivamente vinculada a enfermedades graves o terminales.

Los datos comunicados por Clinicann muestran una fuerte presencia del dolor crónico y de cuadros musculoesqueléticos. Otros relevamientos de la empresa ubican además a los problemas relacionados con salud mental y sueño entre los motivos frecuentes de consulta.

Esto no significa que el cannabis sea una solución universal ni que pueda reemplazar automáticamente otros tratamientos. La indicación terapéutica depende de cada diagnóstico, antecedentes, medicamentos concomitantes, composición del preparado, dosis, vía de administración y seguimiento clínico.

En ese punto, la diferencia entre información y práctica médica resulta fundamental: la existencia de evidencia sobre determinados cannabinoides o indicaciones no convierte automáticamente a cualquier producto de cannabis en un medicamento apropiado para cualquier persona.

El software entra en la consulta

La escala del proyecto obligó a resolver un problema que va mucho más allá de conseguir pacientes: cómo realizar seguimiento clínico cuando esos pacientes están distribuidos por todo el país.

Clinicann desarrolló herramientas digitales para sistematizar historias clínicas y realizar seguimiento de variables como dolor, sueño y calidad de vida. La empresa también incorporó agentes de inteligencia artificial mediante WhatsApp para determinados procesos de seguimiento.

Según la política de privacidad publicada por la propia compañía, esas comunicaciones pueden incluir conversaciones asistidas por IA, identificadas como tales y supervisadas por el equipo médico. La empresa aclara además que la IA no brinda consejo médico.

La importancia de este modelo no está solamente en automatizar mensajes. La verdadera oportunidad aparece cuando los datos obtenidos de miles de pacientes pueden convertirse, con los resguardos éticos y legales correspondientes, en evidencia del mundo real.

Es allí donde cannabis, medicina e inteligencia artificial comienzan a encontrarse en un terreno particularmente interesante para la investigación.

REPROCANN y el cambio regulatorio

El crecimiento de este tipo de servicios ocurre dentro de un marco jurídico que comenzó a estructurarse con la Ley 27.350, sancionada el 19 de abril de 2017, que estableció el marco para la investigación médica y científica del uso medicinal, terapéutico y/o paliativo del dolor de la planta de cannabis y sus derivados.

Posteriormente, el Decreto 883/2020, publicado el 12 de noviembre de 2020, reglamentó la ley y estableció el Registro del Programa de Cannabis, REPROCANN, destinado a registrar a pacientes con indicación médica que acceden al cannabis mediante cultivo controlado con fines medicinales, terapéuticos y/o paliativos.

El esquema fue actualizado nuevamente mediante la Resolución 1780/2025 del Ministerio de Salud, sancionada el 22 de mayo de 2025 y publicada en el Boletín Oficial el 23 de mayo.

La resolución modificó integralmente la regulación del REPROCANN, incorporó nuevas categorías, estableció requisitos para terceros cultivadores y organizaciones civiles y sumó la posibilidad de inscripción para determinadas personas jurídicas vinculadas a proyectos de investigación y desarrollo. También estableció nuevas condiciones de trazabilidad y control.

Para el autocultivo, la normativa establece una vigencia de tres años para el certificado emitido por REPROCANN, mientras que para asociaciones civiles, fundaciones y personas jurídicas autorizadas la vigencia establecida es de un año.

Este punto es especialmente importante para pacientes y cultivadores: tener una indicación médica y realizar un trámite no equivale por sí mismo a contar con autorización vigente. El respaldo legal depende de cumplir las condiciones establecidas por el régimen y conservar la documentación correspondiente.

Una industria que empieza a mirar los datos

El caso Clinicann también permite observar una transformación más amplia.

Según EcoCuyo, el ecosistema argentino alrededor del cannabis medicinal ya involucra a más de 350.000 pacientes registrados, alrededor de 800 profesionales de la salud inscriptos en REPROCANN y una cadena productiva que incluye laboratorios, productores, empresas de análisis cromatográfico, fabricantes de maquinaria, logística especializada, trazabilidad y seguridad.

La Cámara Argentina de la Industria del Cannabis y el Cáñamo, CAINCCA, reúne a más de 50 empresas, de acuerdo con los datos citados por el medio mendocino.

Para una industria joven, la aparición de empresas capaces de generar y ordenar información clínica puede tener un valor estratégico enorme. El cannabis necesita productos estandarizados, profesionales capacitados, trazabilidad, investigación y consumidores informados.

Y necesita algo más difícil de fabricar que un aceite o una flor: confianza.

La confianza se construye cuando una persona sabe qué está utilizando, quién lo produjo, qué concentración tiene, qué controles atravesó, quién supervisa su tratamiento y qué hacer ante un efecto adverso.

El próximo salto está en la evidencia

Argentina ya tiene una experiencia regulatoria considerable alrededor del cannabis medicinal. Ahora aparece un desafío diferente: transformar la cantidad de pacientes, profesionales, productores, investigadores y empresas existentes en conocimiento verificable.

La historia de Clinicann muestra una de las posibles rutas. Una startup nacida de una experiencia médica familiar terminó construyendo una red nacional de telemedicina y acumulando miles de historias clínicas.

El verdadero potencial de esa información estará en su capacidad para responder preguntas médicas concretas: qué pacientes responden, ante qué condiciones, con qué formulaciones, durante cuánto tiempo, con qué efectos adversos y bajo qué condiciones de seguimiento.

Ese es el terreno donde la cultura cannábica puede encontrarse definitivamente con la medicina basada en evidencia.

Porque la próxima revolución del cannabis argentino quizá no esté solamente en cultivar más.

Puede estar en aprender mejor de todo lo que ya estamos cultivando, utilizando y estudiando.

La profesionalización del sector abre oportunidades para médicos, investigadores, desarrolladores tecnológicos, productores, laboratorios, organizaciones civiles y nuevos emprendimientos. El desafío será crecer con ciencia, trazabilidad y responsabilidad, colocando siempre la salud de las personas en el centro.

La industria cannábica argentina todavía está escribiendo sus primeros capítulos. Y cada historia clínica bien documentada puede convertirse en una página de conocimiento para lo que viene.

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