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La economía circular también empieza a transformar una de las industrias más tradicionales: la funeraria. En Países Bajos, la empresa Loop Biotech desarrolló el Loop Living Cocoon, un ataúd construido a partir de micelio de hongos y fibras de cáñamo recicladas que busca convertir el entierro en una etapa más del ciclo natural de la materia.

El proyecto fue impulsado por Bob Hendrikx, fundador de Loop Biotech, quien plantea una mirada diferente sobre el destino de los materiales después de la muerte. La lógica es sencilla pero disruptiva: utilizar organismos capaces de descomponer materia orgánica para que el propio féretro también pueda regresar al ecosistema.

El Living Cocoon se cultiva a partir de hongos locales y fibras de cáñamo recuperadas. Según la compañía, el proceso de crecimiento puede completarse en aproximadamente siete días, mientras que el ataúd puede biodegradarse en 45 días bajo condiciones adecuadas. La empresa lo presenta como un producto 100 % natural y orientado a enriquecer el suelo.

La diferencia conceptual con un féretro convencional es significativa. En lugar de tratar al ataúd como un objeto destinado a permanecer durante años en el suelo, el Living Cocoon fue diseñado para participar activamente en el proceso de descomposición.

El micelio como tecnología de la naturaleza

La pieza central del desarrollo es el micelio, la red de filamentos que constituye la estructura vegetativa de los hongos.

Los hongos cumplen funciones fundamentales en los ecosistemas como descomponedores de materia orgánica. Loop Biotech aprovecha justamente esa capacidad biológica para desarrollar materiales capaces de integrarse nuevamente al ambiente.

“Está hecho de micelio, que es la estructura de los hongos, los mayores recicladores de la naturaleza”, explicó Hendrikx al presentar el concepto. La propuesta busca que los materiales utilizados durante el funeral formen parte posteriormente de un nuevo ciclo biológico.

El sistema incorpora además fibras de cáñamo recicladas, otro material de origen vegetal con aplicaciones que van mucho más allá del uso tradicional de la planta.

La combinación resulta especialmente interesante desde el punto de vista de la biomaterialidad: el cáñamo aporta una fibra vegetal resistente y versátil, mientras que el micelio funciona como una estructura biológica capaz de unir y conformar materiales.

En otras palabras, el producto no solamente utiliza materiales biodegradables: utiliza organismos y fibras vegetales para crear una estructura funcional.

30 kilos y capacidad para 200

El Living Cocoon tiene un peso aproximado de 30 kilogramos y una capacidad declarada de hasta 200 kilogramos.

La empresa ofrece dos variantes de color y diferentes alternativas para el revestimiento interior. El modelo estándar incorpora un lecho de musgo, aunque también existen opciones elaboradas con cáñamo, lana y algodón orgánico.

El interior puede complementarse con una manta y un sudario biodegradable. También existen pinturas biodegradables para personalizar exteriormente el ataúd. El diseño incorpora seis manijas integradas de yute para facilitar su traslado.

Según Loop Biotech, el producto cuenta con certificación para entierros naturales, entierros tradicionales y cremación, lo que amplía sus posibilidades de utilización más allá de los cementerios destinados exclusivamente a prácticas ecológicas.

¿Qué ocurre cuando llega al suelo?

Acá aparece una distinción importante.

Los 45 días corresponden a la biodegradación del ataúd bajo condiciones ideales o adecuadas, no significa que un cuerpo humano completo desaparezca en ese mismo período.

La descomposición de un cuerpo depende de múltiples variables ambientales, entre ellas temperatura, humedad, profundidad, actividad microbiana, composición del suelo y condiciones del entierro. Por eso, los tiempos del proceso biológico pueden extenderse durante meses o años.

La innovación de Loop consiste principalmente en que el material que rodea al cuerpo deja de ser un elemento persistente y pasa a formar parte del proceso de degradación.

La compañía sostiene que el Living Cocoon puede contribuir a incrementar la biodiversidad del suelo y devolver nutrientes al ecosistema.

Una historia que acaba de llegar a Australia

El concepto dejó recientemente el terreno experimental para protagonizar un acontecimiento particularmente significativo.

Carolyn, una mujer australiana de 70 años, fue enterrada en septiembre de 2026 en el Springwood Cemetery, en las Blue Mountains de Nueva Gales del Sur, utilizando un Living Cocoon. Según la cobertura de The Guardian, se trató del primer entierro de este tipo documentado en Australia.

Su esposo, Donald, explicó que la elección había sido tomada previamente por Carolyn y que reflejaba su vínculo con la naturaleza y su voluntad de continuar contribuyendo después de su muerte.

“Siempre estaba allí para ayudar a los demás”, expresó Donald, quien consideró que la posibilidad de devolver algo a la naturaleza después de la muerte representaba una continuidad de los valores de su esposa.

Loop Biotech ya había participado anteriormente en entierros de este tipo en Países Bajos, Estados Unidos y otros países europeos. El caso australiano representa, sin embargo, una expansión significativa hacia un mercado donde las alternativas funerarias sustentables están comenzando a ganar visibilidad.

Del cannabis a los biomateriales

Para la industria del cáñamo, este desarrollo representa algo más que una curiosidad.

La fibra de Cannabis sativa L. puede utilizarse en textiles, papel, materiales compuestos, aislantes, bioplásticos y numerosas aplicaciones industriales. En este caso, además, aparece integrada a una tecnología basada en micelio.

La tendencia forma parte de una transformación más amplia: pasar de una economía basada en extraer, fabricar, utilizar y descartar hacia sistemas donde los materiales puedan volver al circuito productivo o biológico.

Ese cambio también está comenzando a reflejarse en Argentina. La Resolución 69/2026 de la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICCAME) estableció un régimen para actividades vinculadas al cáñamo y contempla expresamente aplicaciones industriales, además de criterios de calidad, trazabilidad y sostenibilidad ambiental.

Esto abre una pregunta interesante para productores, investigadores y emprendedores argentinos: ¿cuántas aplicaciones industriales del cáñamo todavía permanecen fuera del radar comercial?

La muerte como parte del ciclo

El Living Cocoon propone una idea que puede resultar incómoda, pero también profundamente natural: la muerte no necesariamente tiene que representar una interrupción del ciclo biológico.

En lugar de aislar el cuerpo de los procesos naturales durante el mayor tiempo posible, este modelo busca facilitar su integración progresiva al ambiente.

Existen otras alternativas vinculadas con esta filosofía, como los entierros naturales y determinadas tecnologías de disposición final que reemplazan o modifican los métodos funerarios convencionales. La discusión ambiental alrededor de estas prácticas está creciendo a medida que aumenta el interés por reducir la huella ecológica asociada a nuestras decisiones de consumo, incluso aquellas que tomamos al final de la vida.

El mensaje de fondo es potente: los hongos y el cáñamo no son solamente materias primas para fabricar productos; también pueden convertirse en herramientas para rediseñar procesos completos.

Y quizás ahí esté la verdadera revolución. No en fabricar un ataúd diferente, sino en imaginar materiales capaces de cumplir una función durante un tiempo determinado y después volver a formar parte de la naturaleza.

Porque cuando la tecnología aprende de los ecosistemas, la innovación deja de parecerse a una máquina y empieza a parecerse a un bosque.

La revolución del cáñamo también se cultiva.

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