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Una investigación que apunta directamente al problema del dolor

Un estudio clínico desarrollado en la Unidad de Quemados del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA), de Rosario, encontró una reducción cercana al 40% en la utilización de morfina entre pacientes que recibieron cannabidiol (CBD) como complemento del tratamiento convencional.

El dato surge de un análisis preliminar realizado sobre los primeros 20 pacientes incluidos en el ensayo. Actualmente la investigación ya alcanza los 30 participantes, sobre un objetivo total de 60 pacientes.

El responsable del trabajo es Ariel Talarn, jefe de la Unidad de Quemados del HECA, quien remarcó que los resultados todavía deben interpretarse con cautela porque la muestra no alcanzó el tamaño previsto y aún falta completar el análisis estadístico.

La investigación fue concebida para estudiar una cuestión concreta: si el CBD puede utilizarse como coadyuvante analgésico, es decir, junto con los medicamentos que ya se administran, para conseguir un control adecuado del dolor utilizando menores cantidades de opioides.

“Sabemos que usar altas dosis de opioides generan muchos inconvenientes y muchos efectos indeseables”, explicó Talarn.

Entre esos efectos se encuentran la constipación, las alteraciones del estado del paciente y el riesgo de dependencia posterior a la internación.

El CBD no reemplaza a la morfina

Uno de los aspectos centrales del estudio es evitar una interpretación equivocada de sus resultados.

El protocolo no propone sustituir la morfina por CBD. La hipótesis consiste en incorporar cannabidiol al esquema terapéutico para disminuir la cantidad de otros analgésicos necesarios.

“Son drogas usadas como coadyuvantes para reducir otras drogas que hoy en día tienen importantes efectos indeseables”, señaló Talarn.

El proyecto tiene antecedentes documentados en la propia actividad científica del HECA. El anuario institucional del hospital describe un estudio de fase 2, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, destinado a evaluar la seguridad y eficacia del aceite de cannabis en pacientes con quemaduras de grado II, III y IV.

El protocolo involucra a profesionales de la Unidad de Quemados, Salud Mental, el Departamento de Estadística del hospital y especialistas del Laboratorio Industrial Farmacéutico Sociedad del Estado (LIF S.E.) de Santa Fe.

Un ensayo con CBD y placebo

El diseño contempla dos grupos de pacientes. Un grupo recibe CBD y otro recibe placebo, siempre como complemento del tratamiento convencional.

Se trata de un procedimiento doble ciego, por lo que durante el desarrollo del ensayo ni los pacientes ni los investigadores conocen quién recibió cada sustancia. Este mecanismo permite reducir sesgos y comparar los resultados de manera más rigurosa.

El producto utilizado tampoco responde al concepto de un aceite artesanal de composición variable. Talarn destacó que el estudio emplea un producto con trazabilidad farmacéutica y una concentración conocida y estable de CBD.

Ese punto es especialmente importante para la investigación clínica: conocer exactamente qué cantidad de principio activo recibe cada paciente permite relacionar la intervención con los resultados observados.

Sueño y picazón también aparecen bajo la lupa

La reducción del uso de morfina no es la única variable que analiza el equipo.

Entre las primeras observaciones también aparecen mejoras en el sueño y en la picazón de los pacientes que participan del estudio.

Sin embargo, Talarn señaló que estos resultados todavía necesitan completar el análisis estadístico. Por eso, actualmente deben considerarse observaciones preliminares y no conclusiones definitivas.

La investigación comenzó a diseñarse hace aproximadamente cinco años y enfrentó una dificultad que excede la medicina: el estigma asociado al cannabis.

Según explicó el investigador, algunos pacientes que reunían las condiciones para participar rechazaron ingresar al protocolo porque asociaban el CBD con sustancias peligrosas. Otros quedaron excluidos por criterios propios del ensayo, entre ellos haber sufrido la quemadura más de 48 horas antes de llegar al HECA.

La paradoja del estigma

El episodio expone una cuestión que excede este estudio.

Mientras la investigación busca precisamente reducir la exposición de pacientes con quemaduras graves a opioides, parte de los potenciales participantes rechazó el estudio por temor al cannabis.

La diferencia está en que el ensayo no estudia cannabis de composición desconocida ni propone automedicación. Investiga un producto de concentración conocida, administrado bajo condiciones clínicas controladas y comparado contra placebo.

Ese cambio de contexto resulta fundamental para comprender qué significa hablar de cannabis medicinal desde la evidencia científica.

Un dato interesante sobre la seguridad

Durante el desarrollo del ensayo, uno de los pacientes tuvo que suspender el tratamiento debido a efectos indeseables.

Cuando los investigadores rompieron el ciego para conocer qué había recibido, descubrieron que ese paciente pertenecía al grupo placebo.

De acuerdo con lo informado por Talarn, entre quienes recibieron CBD no se registraron complicaciones atribuidas al aceite durante el estudio.

Aun así, este dato debe leerse dentro de los límites propios del ensayo: una muestra parcial no permite convertir una observación preliminar en una conclusión general sobre seguridad para todas las personas o todas las situaciones clínicas.

El antecedente de la investigación sobre dolor

El interés por los cannabinoides como herramientas complementarias para el tratamiento del dolor tampoco es nuevo.

Un documento técnico de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) señala que los cannabinoides han sido estudiados para distintas formas de dolor y describe evidencia sobre su posible utilización como tratamiento adyuvante, incluyendo investigaciones donde su incorporación permitió reducir dosis de opioides.

Pero hay una diferencia importante entre esa evidencia general y el trabajo rosarino: el equipo del HECA está buscando generar evidencia específicamente relacionada con pacientes con quemaduras graves.

Según Talarn, la bibliografía internacional disponible sobre CBD y quemaduras está compuesta principalmente por estudios retrospectivos y el equipo no encontró ensayos clínicos comparables al protocolo que se desarrolla en Rosario.

Del hospital público al sistema sanitario

El proyecto tiene además una particularidad estratégica para Santa Fe.

La provincia cuenta con producción pública de CBD a través del Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF). Si los resultados definitivos respaldaran la utilización del producto y posteriormente se obtuviera la autorización correspondiente, esa capacidad productiva podría facilitar su disponibilidad para los pacientes de la Unidad de Quemados del sistema público.

El camino todavía requiere varias etapas.

Primero, completar los 60 participantes previstos. Después, finalizar el seguimiento y realizar el análisis estadístico definitivo. Finalmente, el equipo prevé presentar los resultados ante ANMAT para evaluar la autorización de utilización del CBD en esta patología.

Por ahora, entonces, el titular correcto no es que el cannabis haya reemplazado a la morfina ni que el CBD haya demostrado definitivamente tratar las quemaduras.

El dato científicamente relevante es más preciso: un ensayo clínico en curso observó una reducción cercana al 40% en el uso de morfina entre los primeros pacientes analizados cuando el CBD fue incorporado como coadyuvante, pero el resultado todavía debe confirmarse con la totalidad de la muestra y el análisis estadístico final.

Ese matiz es justamente lo que convierte a la investigación en una noticia importante: la discusión sobre cannabis medicinal abandona progresivamente el terreno de las afirmaciones generales y entra en el de los protocolos, las dosis, los controles, los placebos, la trazabilidad y la evidencia clínica.

Una nueva pregunta para la medicina del dolor

Las quemaduras graves pueden exigir tratamientos analgésicos intensivos durante períodos prolongados. Encontrar herramientas complementarias que permitan mantener un adecuado control del dolor disminuyendo la exposición a opioides constituye una línea de investigación con potencial impacto sanitario.

El trabajo del HECA todavía tiene camino por recorrer, pero plantea una pregunta concreta y medible: ¿puede el CBD ayudar a controlar el dolor de una quemadura grave utilizando menos morfina?

La respuesta definitiva dependerá de los 60 pacientes, del análisis estadístico y de la evaluación regulatoria posterior.

La investigación continúa. Y cuando el cannabis entra al hospital con un protocolo clínico, trazabilidad y placebo, la conversación cambia de naturaleza: ya no se trata de opiniones sobre la planta, sino de medir qué puede hacer un cannabinoide bajo condiciones controladas.

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