Del intestino a los ojos, el nuevo mapa de la salud de perros y gatos
Una alteración en el intestino podría tener consecuencias mucho más allá de la digestión. La ciencia empieza a seguir una ruta inesperada que conecta microbiota, sistema inmune y ojos, y abre nuevas preguntas para la medicina veterinaria.
Durante mucho tiempo, cuando una mascota presentaba un problema ocular, la mirada clínica se concentraba casi exclusivamente en el ojo.
Conjuntivitis, sequedad, inflamación, lesiones corneales, uveítis o alteraciones de la retina parecían pertenecer a territorios perfectamente delimitados.
Pero la biología rara vez respeta los límites que dibujamos en un libro de anatomía.
Una de las líneas de investigación que está ganando atención es el denominado eje intestino–ojo o gut–eye axis, un sistema de comunicación biológica en el que la microbiota intestinal, sus metabolitos, el sistema inmunitario y las barreras que protegen determinados tejidos podrían influirse mutuamente.
Una revisión publicada en 2024 por Andreea-Talida Tîrziu y colaboradores en Journal of Clinical Medicine reunió evidencia que vincula las alteraciones de la microbiota intestinal con procesos inflamatorios y enfermedades oculares. Los investigadores señalan mecanismos que incluyen la modulación inmunitaria, la producción de metabolitos microbianos y el mantenimiento de la barrera hematorretiniana.
El concepto resulta particularmente interesante porque desplaza la pregunta desde un órgano aislado hacia un organismo conectado.
Cuando el intestino habla con el sistema inmune
La microbiota intestinal está formada por comunidades de microorganismos que participan en procesos metabólicos e inmunológicos. Cuando ese ecosistema pierde parte de su equilibrio —un fenómeno conocido como disbiosis— pueden modificarse las señales químicas que circulan por el organismo.
Entre ellas se encuentran metabolitos producidos por las bacterias intestinales, moléculas capaces de influir sobre células inmunitarias y diferentes procesos inflamatorios.
En determinadas condiciones, esa comunicación puede repercutir sobre tejidos alejados del aparato digestivo.
La investigación sobre el eje intestino–ojo plantea justamente esa posibilidad: que cambios en la microbiota puedan modificar la respuesta inmunitaria y contribuir a estados inflamatorios capaces de afectar la superficie ocular, la retina y otras estructuras.
La hipótesis también involucra a la barrera hematorretiniana, una estructura especializada que regula el intercambio entre la circulación sanguínea y el tejido retinal.
La idea no significa que una disbiosis sea automáticamente responsable de una enfermedad ocular. Significa que existe una vía biológica plausible que merece ser estudiada.
Y esa diferencia es fundamental.
El salto hacia la medicina veterinaria
En perros y gatos, la evidencia todavía está mucho más atrás que en medicina humana.
Por eso, afirmar que una enfermedad ocular de una mascota se origina en el intestino sería actualmente una simplificación que la evidencia disponible no permite sostener.
La propia publicación de la médica veterinaria Mariana Casas plantea esta cautela y señala que todavía no existe evidencia suficiente para recomendar probióticos o microbioterapia como tratamiento oftalmológico de rutina.
Pero sí existe una pregunta científica cada vez más interesante: ¿qué sucede cuando la microbiota, el sistema inmune y los tejidos oculares dejan de analizarse como sistemas independientes?
La microbiota ocular también constituye un ecosistema propio y su relación con la inmunidad y la inflamación está siendo estudiada. En otras palabras, el ojo tampoco es un territorio biológicamente aislado.
La investigación humana sobre el eje intestino–ojo ya explora enfermedades como ojo seco, uveítis, glaucoma, enfermedades de la retina y otras alteraciones de la superficie ocular.
En veterinaria, el desafío consiste ahora en determinar cuánto de ese conocimiento puede trasladarse realmente a perros y gatos.
¿Y qué tiene que ver Cannabis con todo esto?
Acá aparece otra pieza del rompecabezas biológico: el sistema endocannabinoide.
Los animales poseen un sistema endocannabinoide que participa en múltiples procesos fisiológicos, entre ellos la regulación de la respuesta inflamatoria, el dolor, la función neurológica y determinadas funciones gastrointestinales.
En perros se han identificado componentes del sistema endocannabinoide en el tracto gastrointestinal, el sistema nervioso, las articulaciones y otros tejidos.
Eso convierte a los cannabinoides en un área de investigación particularmente interesante cuando hablamos de enfermedades en las que participan simultáneamente inflamación, inmunidad, dolor y funcionamiento gastrointestinal.
Pero hay una distinción fundamental: que exista un mecanismo biológico plausible no significa que exista un tratamiento clínicamente demostrado.
El cannabinoide que despierta mayor interés
Dentro de Cannabis, el compuesto que concentra buena parte de la investigación veterinaria es el cannabidiol o CBD.
A diferencia del THC, el CBD no es el principal responsable de los efectos intoxicantes de la planta. En perros, diferentes estudios han investigado su utilización en patologías como osteoartritis, epilepsia, dermatitis y dolor. Una revisión sistemática de ensayos clínicos encontró resultados prometedores particularmente en osteoartritis canina, aunque también señaló limitaciones metodológicas y la necesidad de investigaciones de mayor calidad.
Y existe un dato especialmente relevante para este artículo.
Una revisión publicada en 2024 en el Journal of the American Veterinary Medical Association analizó específicamente el interés por el CBD en enfermedades oftálmicas de los perros. Sus autores describen investigaciones relacionadas con presión intraocular, glaucoma, enfermedades de la córnea, dolor corneal, uveítis y patologías de retina y cabeza del nervio óptico, destacando posibles efectos antiinflamatorios y neuroprotectores.
Pero el título de esa revisión dice algo que conviene no perder de vista: el interés está creciendo, mientras que la evidencia todavía es limitada.
¿Qué perfil de Cannabis tendría sentido investigar?
Si un médico veterinario considera incorporar cannabinoides como complemento dentro de una estrategia terapéutica, el perfil que actualmente despierta mayor interés científico sería un preparado estandarizado predominantemente rico en CBD y con THC ausente o en niveles mínimos, antes que una formulación destinada a producir efectos psicoactivos.
No hablamos de darle flores de Cannabis a un animal.
Tampoco de utilizar productos de composición desconocida.
La diferencia es enorme.
En medicina veterinaria, la discusión debería centrarse en productos con concentración conocida de cannabinoides, trazabilidad, controles de calidad y una evaluación profesional de posibles interacciones con otros medicamentos.
El THC requiere particular precaución. Una revisión específica sobre oftalmología veterinaria señala que no se recomienda su utilización en perros por sus efectos tóxicos.
Además, una revisión sistemática publicada en 2025 sobre productos medicinales basados en Cannabis para perros y gatos encontró que la mayoría de la literatura disponible se concentra en formulaciones donde el CBD es el principal cannabinoide. Los autores concluyeron que existen señales prometedoras en determinadas condiciones, pero todavía permanecen abiertas cuestiones fundamentales sobre eficacia a largo plazo, seguridad y dosis óptimas.
Por eso, CBD predominante y THC mínimo o ausente puede considerarse un perfil de interés para futuras investigaciones y para conversaciones entre tutores y veterinarios, pero no una receta universal.
La pregunta todavía más interesante
Si el eje intestino–ojo termina demostrando una relación clínicamente relevante en perros y gatos, el abordaje de determinadas enfermedades podría cambiar.
En lugar de tratar exclusivamente el síntoma localizado, podrían comenzar a estudiarse simultáneamente:
- microbiota intestinal;
- microbiota ocular;
- permeabilidad intestinal;
- metabolitos producidos por microorganismos;
- inflamación sistémica;
- respuesta inmunitaria;
- integridad de la barrera hematorretiniana;
- sistema endocannabinoide;
- alimentación;
- estrés y otros factores ambientales.
Eso permitiría pensar en una medicina veterinaria cada vez más integrativa y sistémica, sin abandonar el diagnóstico convencional.
Porque un perro con una alteración ocular necesita primero saber exactamente qué tiene.
Una conjuntivitis bacteriana, una úlcera corneal, un glaucoma, una uveítis o una enfermedad retinal no son equivalentes y pueden requerir tratamientos completamente diferentes.
El Cannabis, en este escenario, aparece como una herramienta potencial de investigación y eventualmente como complemento terapéutico en determinadas circunstancias, no como sustituto del diagnóstico, de los tratamientos oftalmológicos establecidos ni de la consulta veterinaria.
Una planta que abre preguntas
La gran noticia quizá no sea todavía que el Cannabis pueda tratar una enfermedad ocular en una mascota.
La noticia es que la ciencia está empezando a comprender mejor las conexiones entre sistemas que durante décadas estudiamos por separado.
Intestino.
Microbiota.
Sistema inmune.
Sistema endocannabinoide.
Sistema nervioso.
Ojos.
Todo forma parte del mismo organismo.
Para los tutores de perros y gatos, esto abre una posibilidad esperanzadora: preguntar más, investigar mejor y conversar con profesionales sobre nuevas herramientas terapéuticas que la ciencia está comenzando a explorar.
Y para el Cannabis medicinal, representa otra frontera científica en la que todavía queda muchísimo por descubrir.
Importante para tutores
Este contenido es informativo y educativo. La utilización de Cannabis o cannabinoides en animales debe ser evaluada individualmente por un médico veterinario, considerando especie, peso, edad, diagnóstico, medicación concomitante, función hepática y renal y características del producto utilizado.
Radio Sativa no recomienda automedicar animales ni reemplazar una prescripción veterinaria. El objetivo es acercar información científica y despertar preguntas que puedan convertirse en conversaciones responsables entre tutores y profesionales de la salud animal.
La ciencia todavía está construyendo este mapa. Y cada nuevo estudio agrega una pieza.
Escuchanos en radiosativa.com.ar y seguí a Radio Sativa para descubrir las investigaciones que están cambiando nuestra manera de entender Cannabis, salud y naturaleza.
Fuentes científicas
- Tîrziu, A.-T. et al. (2024). From Gut to Eye: Exploring the Role of Microbiome Imbalance in Ocular Diseases. Journal of Clinical Medicine, 13(18), 5611.
- Trujillo-Vargas, C. M. et al. / de Paiva, C. S. (2019–2020). The gut-eye-lacrimal gland-microbiome axis in Sjögren Syndrome. The Ocular Surface.
- Henriksen, M. de L. & McGrath, S. (2024). Growing interest but limited evidence on the usefulness of cannabidiol in treating ophthalmic disease in dogs: a review. Journal of the American Veterinary Medical Association, 262(S2), S25–S31.
- Alvarenga, I. C. et al. (2023). Scientific Validation of Cannabidiol for Management of Dog and Cat Diseases. Annual Review of Animal Biosciences, 11, 227–246.
- de Mendonça Lima, T. et al. (2022). Use of cannabis in the treatment of animals: a systematic review of randomized clinical trials. Animal Health Research Reviews.
- Moreno-López et al. (2025). Cannabis-based products for medicinal use in dogs and cats: a systematic review. Journal of Small Animal Practice.
- Pharmacokinetics, efficacy, and safety of cannabidiol in dogs: an update of current knowledge. Frontiers in Veterinary Science (2023).

admin
Comentarios
Deja tu comentario