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En Peñas Blancas, un pequeño paraje rural ubicado a unos 30 kilómetros de Catriel, en la provincia de Río Negro, una experiencia cooperativa está poniendo al cáñamo industrial en el centro de una propuesta que combina producción agrícola, innovación tecnológica y bioconstrucción.

El proyecto es impulsado por la Cooperativa Quatrifinio, integrada actualmente por 12 personas. La iniciativa comenzó formalmente en 2022 y tomó forma a partir de una idea concreta: producir cáñamo en el territorio, aprovechar integralmente la planta y transformar su biomasa en materiales destinados a la construcción.

Cuatro de los 12 integrantes de la Cooperativa Quatrifinio: Víctor Rodríguez, Agustín Rodríguez Guanella, Elio Carrasco y Kevin González durante una visita a Diario Río Negro. Foto: Andrés Maripe.

La experiencia comenzó sobre una hectárea cedida por una familia de la zona y posteriormente la superficie productiva llegó a unas cuatro hectáreas, con posibilidades de expansión hasta aproximadamente diez.

Uno de los primeros pasos institucionales fue la obtención, en junio de 2023, de la autorización correspondiente del Instituto Nacional de Semillas (INASE) para realizar ensayos productivos. Para las primeras experiencias con cáñamo destinado a fibra utilizaron semillas provistas por Ananda Pampa, empresa vinculada al desarrollo de variedades de cáñamo industrial.

Del campo al material de construcción

La apuesta de Quatrifinio no consiste únicamente en cultivar cáñamo y comercializar la fibra. El objetivo es avanzar hacia una cadena de valor donde buena parte de la planta pueda convertirse en materia prima para nuevos productos.

Uno de los desarrollos centrales es el hemcrete, un material compuesto fundamentalmente por cañamiza —la parte leñosa del tallo del cáñamo—, cal y agua.

La mezcla puede utilizarse para generar cerramientos y bloques destinados a la construcción. Entre sus características se encuentran sus propiedades de aislamiento térmico y acústico y su capacidad para contribuir a la regulación de la humedad dentro de los espacios.

Propiedades del cáñamo: aislante térmico y acústico y regulador de humedad.

La cooperativa ya trabaja con prototipos y analiza además otras posibilidades de aprovechamiento de la cañamiza, entre ellas paneles aislantes, tableros, pisos y revestimientos.

La lógica es particularmente relevante desde el punto de vista de la economía circular: una parte de la planta que podría considerarse un residuo dentro de otros modelos productivos pasa a convertirse en materia prima para una nueva industria.

Una experiencia adaptada al territorio

El proyecto también funciona como un ensayo agronómico sobre las condiciones particulares del Alto Valle del río Colorado.

Uno de los interrogantes iniciales estaba relacionado con el agua utilizada para el cultivo. El agua del río Colorado presenta una conductividad eléctrica y una carga mineral que podían generar dudas respecto de su comportamiento sobre el cáñamo.

Sin embargo, los ensayos realizados por la cooperativa no registraron efectos negativos que impidieran avanzar con el cultivo.

Kevin González, presidente de la Cooperativa Quatrifinio, sintetizó el horizonte productivo del proyecto con una frase que resume buena parte de la experiencia:

“Vemos que hay un potencial grande. Empezamos con una hectárea de cáñamo, pero vamos a ampliar”.

La posibilidad de escalar la producción resulta especialmente significativa porque el cáñamo industrial presenta ciclos relativamente cortos. De acuerdo con los datos difundidos en la experiencia, las variedades destinadas principalmente a fibra pueden completar su ciclo en alrededor de tres meses, mientras que las destinadas a grano o doble propósito pueden extenderse hasta aproximadamente cinco meses.

Cuánto puede rendir una hectárea

Uno de los datos que permite dimensionar el potencial constructivo es la relación entre superficie cultivada y superficie de obra.

Según la experiencia difundida por Río Negro, una hectárea de cáñamo puede equivaler aproximadamente a 35 metros cuadrados de pared cuando la biomasa se utiliza para desarrollar materiales constructivos.

La cifra debe interpretarse como una referencia productiva y no como un rendimiento universal: el resultado final depende de la variedad utilizada, el manejo agronómico, el rendimiento de biomasa, el procesamiento y la formulación del material.

Para el sector productivo, justamente allí aparece una de las oportunidades más interesantes: pasar de vender una materia prima agrícola a desarrollar productos con mayor valor agregado.

La investigación entra en escena

La iniciativa también comenzó a vincularse con instituciones científicas y tecnológicas.

La cooperativa trabaja en articulación con INTI e INTA, dos organismos fundamentales para avanzar en la caracterización de materiales, la validación técnica y el desarrollo de aplicaciones productivas.

Esta articulación resulta clave para que la bioconstrucción con cáñamo pueda superar la etapa experimental y avanzar hacia soluciones que puedan ser evaluadas con criterios técnicos comparables con los materiales convencionales.

El desafío no pasa solamente por demostrar que un material funciona. También será necesario determinar variables como resistencia mecánica, comportamiento frente al fuego, absorción de humedad, durabilidad, eficiencia térmica, costos de producción y condiciones de aplicación.

Ese proceso de validación es el que puede convertir una experiencia artesanal o experimental en una verdadera alternativa industrial.

El Estado provincial también mira al cáñamo

El proyecto de Peñas Blancas se presentó además al programa provincial Desafíos Rionegrinos, que contempla financiamiento de hasta 40 millones de pesos por proyecto para iniciativas vinculadas con soluciones constructivas basadas en cáñamo.

El dato revela que la discusión comienza a desplazarse desde el cultivo hacia una cuestión mucho más amplia: qué productos pueden desarrollarse a partir del cáñamo industrial y qué cadenas de valor pueden generarse alrededor de ellos.

En ese sentido, la construcción aparece como uno de los segmentos con mayor potencial.

El cáñamo puede aportar fibra, cañamiza y semillas, y cada una de esas fracciones puede alimentar mercados diferentes. Una misma hectárea, por lo tanto, puede convertirse en el punto de partida de varias cadenas productivas.

La formación profesional acompaña el crecimiento

El desarrollo de una industria también requiere trabajadores capacitados.

En esa dirección, la Universidad Nacional de Río Negro puso en marcha durante el segundo semestre de 2026 una Diplomatura en Cáñamo Industrial, con una carga horaria de 212 horas y modalidad híbrida.

La propuesta aborda aspectos relacionados con la producción, el procesamiento, los usos industriales, la normativa y el desarrollo de productos.

La dirección académica está a cargo de la licenciada Natalia Stafetta, y la iniciativa se desarrolla junto con Fundación Gen.

La aparición de una formación universitaria específica marca un cambio importante: el cáñamo empieza a dejar de ser solamente un cultivo emergente para convertirse en un campo profesional que necesita agrónomos, técnicos, investigadores, diseñadores, constructores, empresarios y especialistas en regulación.

El desafío de producir semillas en Argentina

Existe, sin embargo, un obstáculo estructural que todavía condiciona el desarrollo de la cadena.

Fernando Peñi Saavedra, especialista de Agrómera, señaló que aproximadamente el 97% de la producción argentina se realiza actualmente con semillas importadas.

La dependencia de genética proveniente del exterior representa un desafío para una industria que busca consolidarse a escala nacional.

La adaptación de variedades a las distintas regiones agroecológicas argentinas, junto con el desarrollo de semillas locales y su reproducción bajo los marcos regulatorios correspondientes, puede convertirse en uno de los próximos grandes capítulos del sector.

Para un productor, esto significa que la elección de la genética no es un detalle menor. En cáñamo industrial, el destino productivo —fibra, grano o doble propósito— condiciona la variedad, el manejo agronómico, la cosecha y posteriormente el procesamiento.

Un nuevo capítulo para el cáñamo industrial argentino

El caso de Peñas Blancas permite observar algo que muchas veces queda oculto detrás de las discusiones sobre cannabis: el cáñamo industrial puede construir una economía completamente diferente alrededor de la misma planta.

Acá no estamos hablando de flores destinadas al uso medicinal o adulto. Estamos hablando de fibra, biomasa, materiales, aislamiento, construcción, investigación, empleo y desarrollo territorial.

Y esa diferencia es fundamental.

El marco nacional establecido por la Ley 27.669, sancionada en 2022 para regular el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial, abrió la puerta para que estos proyectos comenzaran a pensarse dentro de una cadena productiva formal.

La experiencia de Quatrifinio muestra ahora una etapa siguiente: producir localmente, procesar localmente y agregar valor localmente.

El desafío será transformar experiencias piloto en modelos económicamente sostenibles, con genética adaptada, infraestructura de procesamiento, certificaciones técnicas, financiamiento y mercados capaces de absorber la producción.

Pero cada prototipo construido con cañamiza representa algo más que una pared.

Es una prueba de que una planta puede conectar agricultura, industria, ciencia y arquitectura en una misma cadena de valor.

Y desde un pequeño paraje patagónico, esa posibilidad ya empezó a tomar forma.

El futuro del cáñamo argentino también puede construirse desde el territorio.

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