Escuchar artículo

Una investigación realizada por científicos de la Universitätsmedizin Rostock y la Universidad de Rostock, Alemania, identificó efectos citotóxicos y proapoptóticos del cannabigerol (CBG) y el cannabicromeno (CBC) sobre células humanas de cáncer de pulmón cultivadas en laboratorio. El trabajo fue publicado el 15 de junio de 2026 en la revista científica Antioxidants, bajo el título Cannabigerol and Cannabichromene Induce Lung Cancer Cell Death and Apoptosis — Contribution of PPARα to Cannabigerol Effects.

El equipo estuvo integrado por Theresa Spengler, Felix Wittig, Marcus Frank y Burkhard Hinz, vinculados al Instituto de Farmacología y Toxicología de la Universitätsmedizin Rostock, al Centro de Microscopía Electrónica y al Departamento Life, Light and Matter de la Universidad de Rostock.

¿Qué hicieron los investigadores?

Los científicos trabajaron con dos líneas celulares humanas utilizadas como modelos experimentales de cáncer de pulmón, A549 y H460. Sobre ellas evaluaron qué ocurría después de la exposición a CBG y CBC.

Los resultados mostraron que ambos cannabinoides redujeron la supervivencia celular de manera dependiente de la concentración. En otras palabras, dentro de las condiciones experimentales utilizadas, mayores concentraciones produjeron una mayor pérdida de viabilidad de las células tumorales.

Pero el dato más interesante está en cómo se produjo esa muerte celular.

Los investigadores observaron señales compatibles con apoptosis, un proceso biológico de muerte celular programada. Entre ellas detectaron activación de las enzimas caspasa-8, caspasa-9 y caspasa-3/7, además de un aumento de citocromo c en el citosol y pérdida del potencial de membrana mitocondrial.

También apareció autofagia y una alteración significativa del funcionamiento de las mitocondrias, las estructuras celulares encargadas de buena parte de la producción de energía.

El papel particular del CBG

El CBG mostró además una característica que despertó especial interés en el estudio.

Los investigadores encontraron que su efecto sobre la muerte celular dependía de la activación del receptor PPARα, un regulador involucrado en distintos procesos metabólicos y celulares. El trabajo señala que esta relación aporta una posible vía molecular para comprender cómo el CBG puede desencadenar apoptosis en estas células.

Al mismo tiempo, los investigadores comprobaron que los efectos de CBG y CBC sobre la muerte celular no dependían de los receptores CB1, CB2, TRPV1, TRPM8 ni PPARγ bajo las condiciones experimentales estudiadas.

El CBG también incrementó el estrés oxidativo dentro de las mitocondrias y redujo su consumo de oxígeno. Además, disminuyó los niveles de NDUFB8, una subunidad del complejo I de la cadena respiratoria mitocondrial.

Una diferencia fundamental entre laboratorio y medicina

Acá está el punto que conviene remarcar para evitar titulares engañosos.

El estudio no demuestra que el CBG o el CBC curen el cáncer de pulmón en personas.

Los resultados fueron obtenidos sobre cultivos celulares, no mediante un ensayo clínico con pacientes. Todavía falta determinar si estos efectos pueden reproducirse dentro de un organismo vivo, qué concentraciones serían necesarias, cómo se comportarían los cannabinoides en el metabolismo humano, qué efectos tendrían sobre células sanas y, eventualmente, si podrían combinarse de forma segura y eficaz con tratamientos oncológicos existentes.

Por eso, hablar de una futura aplicación terapéutica es científicamente razonable; afirmar que consumir CBG o CBC puede eliminar un cáncer sería dar un salto que la evidencia disponible todavía no permite.

¿Por qué importa para la investigación cannábica?

Porque el trabajo desplaza nuevamente la atención hacia un territorio que durante años quedó bastante opacado por el THC y el CBD: los cannabinoides menores o menos estudiados.

CBG y CBC son fitocannabinoides no psicoactivos, y esta investigación aporta evidencia experimental sobre mecanismos biológicos específicos relacionados con la supervivencia celular y la función mitocondrial.

Además, el equipo de Rostock lleva años investigando la interacción entre cannabinoides y cáncer. En trabajos anteriores ya había estudiado mecanismos relacionados con la invasión y metástasis de células tumorales, consolidando una línea de investigación que busca comprender qué papel podrían tener estos compuestos en futuras estrategias terapéuticas.

Para la industria cannábica responsable, esto también tiene una lectura importante: el valor científico de la planta no termina en los cannabinoides más conocidos. La investigación sobre CBG, CBC y otros compuestos puede abrir nuevas posibilidades farmacológicas, siempre que avance acompañada de ensayos rigurosos, regulación y evidencia clínica.

Una pista, todavía no una cura

El trabajo de Rostock aporta una pieza interesante al enorme rompecabezas de la investigación oncológica. CBG y CBC lograron inducir muerte celular y alterar funciones mitocondriales en dos modelos de cáncer de pulmón, mientras que el CBG mostró además una relación particularmente interesante con PPARα.

Pero la ciencia todavía tiene camino por recorrer: de una placa de cultivo a un paciente hay una distancia enorme.

Y justamente ahí está la noticia verdaderamente interesante. La investigación no promete milagros; demuestra que existen mecanismos biológicos que merecen ser estudiados mucho más profundamente.

El futuro del cannabis medicinal probablemente se construya así: menos promesas mágicas, más laboratorio y mejores evidencias.

Seguimos poniendo ciencia donde antes había prejuicios.

Escuchá Radio Sativa en radiosativa.com.ar y seguí nuestras plataformas para conocer las novedades que están transformando la ciencia, la medicina y la industria vinculada al cannabis.