Escuchar artículo

El glioblastoma multiforme es uno de los mayores desafíos de la neurooncología. Se trata del tumor cerebral primario más agresivo, con una evolución rápida, una marcada capacidad de invadir tejido sano y una elevada frecuencia de recurrencia incluso después de cirugía, radioterapia y quimioterapia. La supervivencia a cinco años continúa siendo inferior al 5 por ciento, de acuerdo con los datos citados por el equipo investigador.

Frente a este escenario, una investigación liderada por el químico farmacéutico Andrés David Turizo Smith, doctor en Oncología de la Universidad Nacional de Colombia, comenzó a explorar una combinación poco convencional desde la oncología tradicional: moléculas presentes en Cannabis sativa y compuestos de Piper nigrum, la pimienta negra.

Turizo Smith es además asesor de la Comisión Revisora de Medicamentos de Síntesis y Biológicos del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos de Colombia (Invima) e investigador clínico del Centro de Investigación y Entrenamiento en Neurocirugía del Hospital Universitario de La Samaritana (CIEN-HUS). El proyecto es resultado de aproximadamente una década de trabajo con productos naturales y de colaboraciones internacionales, entre ellas con investigadores de la Universidad Complutense de Madrid.

“Yo trabajo con productos naturales hace unos diez años desde el pregrado, en el Grupo de Investigación en Fitoquímica y Farmacognosia de la Universidad Nacional”.

La investigación se apoya, además, en una línea científica publicada en 2025 en International Journal of Molecular Sciences, que evaluó el potencial antitumoral de cannabicromeno (CBC), cannabigerol (CBG) y otros compuestos de Cannabis sativa y Piper nigrum mediante aproximaciones in silico y ensayos in vitro. El trabajo fue firmado por Andrés David Turizo Smith, Natalia Montoya Moreno, Juan Andrés Rodríguez-García, Juan Carlos Marín-Loaiza y Gustavo Arboleda Bustos.

Los cannabinoides estudiados demostraron capacidad para inducir la muerte de células tumorales utilizando dosis inferiores a las de algunos tratamientos convencionales. Crédito: Cortesía del investigador.

CBG y CBC mostraron actividad citotóxica

Uno de los resultados centrales se concentró en dos fitocannabinoides: cannabigerol (CBG) y cannabicromeno (CBC).

En los modelos de laboratorio analizados, ambos demostraron actividad citotóxica, es decir, capacidad para provocar la muerte de células tumorales. El equipo observó además actividad utilizando concentraciones inferiores a las requeridas por algunos fármacos empleados como referencia en el tratamiento del glioblastoma, entre ellos temozolomida y cisplatino.

Pero hay un dato todavía más interesante.

Según los investigadores, los modelos tumorales con características más agresivas mostraron una mayor sensibilidad frente a determinados cannabinoides. La hipótesis planteada es que las células tumorales más malignas presentan un estado de menor diferenciación y determinadas características similares a células inmaduras, que podrían hacerlas más susceptibles a estos compuestos.

El propio Turizo Smith lo explicó de esta manera:

“Los cannabinoides afectan más a las células inmaduras que a las células maduras”.

El hallazgo es relevante porque uno de los grandes problemas del glioblastoma es precisamente su heterogeneidad celular y su capacidad para adaptarse y resistir tratamientos.

PINK1 aparece como una pieza clave

La investigación también puso el foco sobre una proteína llamada PINK1, relacionada con el funcionamiento de las mitocondrias y con procesos celulares vinculados al metabolismo, el estrés oxidativo y la supervivencia celular.

En el análisis presentado por el equipo, el 67 por ciento de las muestras estudiadas expresaban PINK1, lo que plantea la posibilidad de utilizar este biomarcador para identificar determinadas características del tumor y estudiar nuevas estrategias terapéuticas.

La literatura científica más reciente muestra que la relación entre PINK1 y el glioblastoma es particularmente compleja. Investigaciones publicadas en 2026 señalan que PINK1 puede desempeñar funciones diferentes dependiendo del contexto metabólico y molecular del tumor, incluyendo mecanismos relacionados con la regulación de especies reactivas de oxígeno, metabolismo energético, mitofagia y resistencia terapéutica.

Esto abre una puerta importante: la investigación no busca solamente encontrar una molécula que mate células tumorales, sino comprender qué características biológicas permiten seleccionar mejor el blanco terapéutico.

La barrera hematoencefálica también entra en juego

Para cualquier potencial medicamento contra un tumor cerebral existe un obstáculo fundamental: la barrera hematoencefálica.

Esta estructura protege al sistema nervioso central y dificulta que numerosas moléculas presentes en la sangre lleguen al cerebro en concentraciones terapéuticas.

En los análisis realizados por el equipo colombiano, varios de los cannabinoides estudiados mostraron características compatibles con una capacidad para atravesar esta barrera. Algo similar se observó con piperina y beta-cariofileno, dos compuestos asociados a la pimienta negra.

El beta-cariofileno merece especial atención dentro de la investigación cannábica porque también está presente naturalmente en la planta de cannabis. Es un sesquiterpeno aromático responsable de buena parte de las notas especiadas y terrosas de determinadas variedades y posee características farmacológicas que lo diferencian de los cannabinoides clásicos.

La piperina, en cambio, es uno de los principales alcaloides de la pimienta negra.

La investigación, por lo tanto, no está planteando simplemente una mezcla de plantas, sino estudiando moléculas específicas y sus interacciones con mecanismos celulares determinados.

Además de su posible efecto sobre el tumor, los compuestos analizados podrían ayudar a disminuir algunos síntomas y efectos secundarios asociados al glioblastoma. Crédito: Magnific.

Más allá de destruir células tumorales

Otro aspecto relevante es que los investigadores están analizando la posibilidad de que algunos cannabinoides tengan utilidad como terapias coadyuvantes.

En oncología, un tratamiento coadyuvante es aquel que se utiliza junto con la terapia principal para potenciar determinados resultados, reducir efectos adversos o mejorar la calidad de vida.

En este caso, el equipo señala que los cannabinoides presentan propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, neuroprotectoras y antiepilépticas que podrían resultar relevantes en pacientes con glioblastoma.

Esto tiene especial importancia porque entre el 30 y el 50 por ciento de los pacientes con glioblastoma pueden desarrollar crisis epilépticas, debido, entre otros factores, a la localización cerebral del tumor.

Además, algunos medicamentos derivados del cannabis ya forman parte del abordaje de síntomas asociados a tratamientos oncológicos, particularmente para controlar náuseas y vómitos relacionados con la quimioterapia.

La diferencia fundamental es que aquí se está investigando una aplicación mucho más específica: utilizar determinados compuestos como parte de una estrategia dirigida contra el propio tumor.

Del laboratorio al hospital

Y acá está la parte que realmente importa.

Los resultados actuales todavía no demuestran eficacia clínica en personas. Buena parte de la evidencia procede de modelos experimentales y análisis moleculares, por lo que todavía falta atravesar etapas fundamentales de seguridad, dosificación, farmacocinética y eficacia antes de pensar en una incorporación terapéutica.

Sin embargo, el equipo ya avanzó hacia la investigación clínica.

Actualmente, Andrés David Turizo Smith coordina un estudio sobre PINK1 en cinco hospitales colombianos, diseñado para reclutar entre 50 y 60 pacientes y realizar seguimiento de supervivencia y progresión de la enfermedad hasta 2028. Cerca de 20 pacientes ya habían sido incorporados al momento de la publicación de la investigación.

En paralelo, el grupo trabaja en el diseño de un ensayo clínico destinado a evaluar uno de los cannabinoides como tratamiento complementario para pacientes con glioblastoma.

El principal desafío ahora es económico y científico: conseguir financiación y alianzas institucionales que permitan completar las distintas etapas de investigación.

La ciencia pone límites al entusiasmo

El propio investigador fue contundente al marcar una diferencia que resulta fundamental para comunicar correctamente este avance:

“Esto no es una cura mágica ni milagrosa”.

La frase debería acompañar cualquier titular sobre cannabis y cáncer.

Los resultados son prometedores porque identifican actividad biológica, posibles blancos terapéuticos y moléculas capaces de avanzar hacia investigaciones más complejas. Pero eso está muy lejos de demostrar que fumar cannabis, consumir aceite de CBD, ingerir pimienta negra o combinar ambos productos pueda tratar un glioblastoma.

La evidencia disponible tampoco habilita a reemplazar cirugía, radioterapia, quimioterapia u otros tratamientos oncológicos indicados por profesionales.

La investigación busca otra cosa: determinar si ciertos componentes purificados y correctamente formulados pueden convertirse, algún día, en medicamentos capaces de complementar las herramientas existentes.

Uno de los hallazgos más importantes fue que varios de estos compuestos tendrían la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro.  Foto: un cultivo primario de tumor derivado de un paciente de un hospital de Bogotá, células de referencia. Crédito: Cortesía.

Una década de investigación que empieza a tomar forma clínica

La historia también muestra por qué la investigación sobre cannabis necesita salir del terreno de los titulares fáciles.

El trabajo colombiano se integra en una corriente internacional que estudia cannabinoides, receptores, metabolismo tumoral y nuevas estrategias terapéuticas para gliomas. Una revisión publicada en Frontiers in Pharmacology en julio de 2026 reúne evidencia sobre GPR55 y PINK1 como posibles blancos relacionados con gliomas y analiza la interacción de estos mecanismos con fitoquímicos y extractos vegetales.

La publicación señala además que ya existen líneas de investigación que estudian cannabinoides como CBD y CBG y su posible interacción con PINK1 y GPR55 en modelos celulares de astrocitoma y glioblastoma.

Según Turizo Smith, existen además ensayos clínicos de fase II en Reino Unido y Estados Unidos que estudian otros cannabinoides en pacientes con glioblastoma.

El investigador estima que, si la evidencia continúa acumulándose y los ensayos confirman seguridad y eficacia, en los próximos diez años podría llegar a existir un medicamento coadyuvante específicamente orientado al glioblastoma.

El verdadero avance está en convertir una hipótesis en evidencia

Para el sector cannábico, esta investigación representa algo más profundo que otro estudio que menciona a la planta.

Muestra el camino que necesita recorrer la industria medicinal: identificar moléculas, estudiar mecanismos, desarrollar formulaciones, realizar ensayos clínicos, demostrar seguridad, medir eficacia y finalmente convertir resultados de laboratorio en medicamentos regulados.

El futuro del cannabis medicinal no se construye con promesas milagrosas. Se construye con universidades, hospitales, investigadores, empresas, financiación, regulación y pacientes participando de estudios clínicos bajo protocolos científicos.

Y en esa transición, el cannabis deja de ser solamente una planta rodeada de controversias para convertirse en una fuente de moléculas que la ciencia puede estudiar, seleccionar y transformar en herramientas terapéuticas.

La investigación colombiana todavía está lejos de convertirse en un tratamiento disponible para pacientes. Pero cada vez que una molécula vegetal consigue superar una etapa experimental, la conversación cambia de lugar: del prejuicio al laboratorio, y del laboratorio a la evidencia.

Los resultados fueron obtenidos en pruebas de laboratorio y representan un primer paso hacia el desarrollo de nuevas terapias complementarias contra el glioblastoma. Crédito: Magnific.

La ciencia sigue abriendo puertas. Nosotros seguimos contando lo que hay detrás de ellas.

Escuchá Radio Sativa en radiosativa.com.ar, descargá nuestra APP y sumate a nuestra comunidad para seguir las investigaciones que están transformando la relación entre cannabis, salud y ciencia.