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De la regulación a la góndola

Hay historias que muestran cómo una transformación regulatoria puede convertirse, con conocimiento, inversión y paciencia, en una oportunidad concreta de desarrollo productivo. La de Anika Tropea es una de ellas.

Licenciada en Tecnología de los Alimentos, con una maestría en Gestión de Calidad, una diplomatura en cannabis y experiencia como cannabicultora, Tropea ocupa además un lugar dentro de la autoridad sanitaria de San Juan. En 2023 integró, en representación de su provincia, la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) durante el proceso que permitió incorporar al cáñamo al Código Alimentario Argentino, establecido por la Ley 18.284.

Dos años después, decidió llevar ese conocimiento un paso más allá. El resultado fue Cañamor, una marca que desarrolló y registró un alfajor elaborado con harina de cáñamo, convirtiéndose —según el relato de Tropea— en el primer producto de esta categoría en obtener registro legal completo en Argentina.

La historia fue contada en primera persona durante una entrevista realizada por Leonardo Mesa, conductor de Amor Vegetal, el podcast de Radio Sativa. Allí Tropea repasó el camino que comenzó en una comisión técnica del Estado y terminó con un alimento listo para circular legalmente por el país.

Cuando el cáñamo entró al Código Alimentario Argentino

El punto de partida fue 2023. Durante meses se discutió la incorporación de la semilla de cáñamo como ingrediente alimentario dentro del Código Alimentario Argentino, el marco federal que regula los alimentos en el territorio nacional.

Tropea formó parte de ese proceso desde la CONAL y recuerda especialmente el momento en que se formalizó la incorporación.

"Tuve el placer de firmar ese momento con mi puño y letra".

La modificación abrió una puerta fundamental para el sector: permitió que la semilla de cáñamo pudiera utilizarse legalmente como materia prima alimentaria bajo las condiciones establecidas por la normativa.

Pero, según explica Tropea, que una materia prima sea admitida por la legislación no significa automáticamente que exista una industria desarrollada alrededor de ella.

El siguiente desafío era conseguir que hubiera productores, materias primas trazables, establecimientos habilitados y alimentos capaces de cumplir con todos los requisitos sanitarios.

En ese proceso apareció una empresa de Córdoba que comenzó a cultivar y registrar semillas de cáñamo para uso alimentario mediante sus propios RNE y RNPA, generando un primer eslabón productivo formal que permitió que otros emprendimientos pudieran avanzar.

De consumidora a desarrolladora de alimentos

Tropea comenzó a consumir esos productos y, paralelamente, profundizó su estudio sobre las características nutricionales de la semilla de cáñamo.

La experiencia terminó generando una pregunta que sería determinante para el nacimiento de Cañamor: si no aparecían nuevos alimentos elaborados con esa materia prima, difícilmente el primer productor pudiera sostener la inversión necesaria para desarrollar el mercado.

Así comenzó el proceso de desarrollo.

El proyecto fue financiado íntegramente con recursos propios y demandó más de un año de trabajo. Hubo pruebas, reformulaciones y análisis de laboratorio antes de llegar al producto definitivo.

Tropea lo resume con una frase que muestra la dimensión artesanal y técnica del proceso:

"Todos los demás [alfajores] me los comí yo y mi familia, a pruebas, a llevar a laboratorio".

El objetivo no era simplemente producir un alimento con cáñamo. La intención era conseguir un producto que pudiera cumplir con todas las exigencias regulatorias y circular legalmente fuera de un mercado informal o exclusivamente local.

Por eso, Tropea decidió respetar cada una de las etapas administrativas, incluso teniendo conocimiento directo del funcionamiento de las autoridades sanitarias.

El resultado fue un alfajor sin aditivos ni colorantes, con RNE, RNPA y habilitación de tránsito federal, condiciones fundamentales para poder comercializar alimentos fuera del ámbito estrictamente local.

Dos alfajores con identidad propia

Cañamor desarrolló dos variedades.

Una de ellas combina harina de cáñamo, dulce de leche y ganache de chocolate. La otra incorpora pistacho sanjuanino, otro producto que forma parte de la identidad productiva de la provincia.

Los nombres también buscan contar una historia territorial.

El alfajor de chocolate se llama Caroya Negro, en referencia a Colonia Caroya, Córdoba, localidad donde se cultiva el cáñamo utilizado como materia prima.

El alfajor de pistacho recibió el nombre Mayo Blanco, en homenaje a 25 de Mayo, la zona sanjuanina que concentra una importante producción de pistacho.

La elección del pistacho tampoco es casual. Tropea señala que buena parte de la producción sanjuanina se procesa actualmente fuera de la provincia, lo que implica que el territorio productor pierde parte del valor agregado que podría generar industrializando localmente esa materia prima.

Cañamor intenta, en cambio, integrar dos cadenas productivas en un mismo alimento y agregar valor en origen.

Cáñamo y cannabis bajo la lupa alimentaria

Uno de los aspectos centrales de la conversación fue la necesidad de diferenciar técnicamente el uso alimentario del cáñamo de la percepción social asociada al cannabis psicoactivo.

Ambos pertenecen a la misma especie, Cannabis sativa L., pero el cáñamo utilizado con fines industriales y alimentarios comprende variedades y materiales destinados a otros usos, como la producción de fibra, semilla o biomasa.

En el caso de la semilla destinada a alimentos, Tropea explica que prácticamente no contiene THC ni CBD. El Código Alimentario Argentino establece además parámetros específicos sobre la presencia de estos compuestos.

Según lo explicado durante la entrevista, el límite establecido es del 1%, un margen relacionado con posibles restos vegetales que pueden permanecer después del proceso de limpieza y no con la composición natural de la semilla como alimento.

La diferencia resulta especialmente importante para comprender qué se está consumiendo.

La semilla de cáñamo no produce un efecto psicoactivo. Su interés alimentario está relacionado con su composición nutricional, que incluye ácidos grasos y aminoácidos esenciales.

El término "esenciales" tiene aquí un sentido nutricional concreto: se trata de nutrientes que el organismo no puede producir por sí mismo y que, por lo tanto, deben incorporarse mediante la alimentación.

Tropea incluso incorporó la semilla de cáñamo a la alimentación de su propio hijo, como parte de una elección alimentaria basada en sus características nutricionales.

El gran error de los emprendimientos que quieren crecer

Desde su experiencia profesional y desde Hempaz, la consultora de inocuidad y tecnología alimentaria en cáñamo que integra junto con Anuar Peche (Cultivo Vegano Cannabis), Tropea identifica un problema recurrente entre quienes quieren desarrollar productos alimenticios vinculados al cannabis y al cáñamo.

El error suele aparecer antes incluso de comenzar a fabricar: utilizar una materia prima que no cuenta con la regulación, documentación o trazabilidad necesarias.

Para acceder al mercado formal no alcanza con tener una receta atractiva o desarrollar un producto innovador.

El emprendimiento necesita cumplir con los requisitos correspondientes, entre ellos contar con Registro Nacional de Establecimiento (RNE) y Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA), además de las condiciones necesarias para el tránsito federal cuando corresponda.

Tropea lo sintetiza de manera contundente:

"Si vas a tener un megaproducto pero no se lo vas a poder colocar en ninguna góndola, tampoco te sirve".

La recomendación para quienes quieran emprender en este segmento es comenzar por el marco regulatorio y avanzar paso a paso, con acompañamiento profesional especializado.

Su referencia central es el Código Alimentario Argentino, establecido por la Ley 18.284.

El objetivo no es solamente cumplir con una exigencia burocrática. La formalización también permite garantizar condiciones de inocuidad, trazabilidad y comercialización, y abre la posibilidad de que un producto salga del circuito de venta directa o de ferias para incorporarse progresivamente a canales comerciales más amplios.

La informalidad tiene un límite

El planteo de Tropea apunta a una discusión más profunda sobre el futuro del cáñamo alimentario en Argentina.

La comercialización informal puede permitir que determinados emprendimientos comiencen a vender en pequeña escala, pero presenta límites importantes cuando el objetivo es construir una empresa sostenible.

Ferias, ventas directas y pequeños circuitos locales pueden funcionar como una primera etapa, pero difícilmente permitan alcanzar una estructura productiva capaz de abastecer grandes cadenas, trasladarse entre provincias o proyectarse hacia mercados internacionales.

Por eso, la experiencia de Cañamor puede funcionar como un caso de estudio para otros emprendedores: desarrollar primero la estructura regulatoria y sanitaria para después pensar en escala.

Educación antes que expansión

Para Tropea, el crecimiento del cáñamo alimentario no debería plantearse únicamente desde la lógica de vender más productos.

La educación del consumidor aparece como una pieza fundamental.

Su visión es que el cáñamo deje progresivamente de ser un nicho mediante la construcción de una cultura de alimentación consciente y sustentable, en lugar de intentar acelerar artificialmente el consumo.

La estrategia de Cañamor también responde a esa lógica.

El primer objetivo es consolidar los alfajores, generar demanda real y construir una base de consumidores. Recién después llegará el momento de evaluar nuevas categorías.

Entre las posibilidades mencionadas aparecen barritas de cereal, infusiones y otros formatos alimentarios.

Es una estrategia de crecimiento gradual que prioriza la consolidación del producto antes que una expansión apresurada.

De San Juan hacia otras provincias

Actualmente, los alfajores Cañamor pueden conseguirse mediante contacto directo a través de Instagram, en la cuenta @canamoralfajores, y en algunos puntos de venta físicos de San Juan.

El proyecto también avanza hacia una distribución más amplia.

Se encuentra en desarrollo un acuerdo con un canal de venta online que permitiría llevar los productos hacia Buenos Aires y ampliar progresivamente el alcance comercial.

Para los envíos fuera de San Juan se está trabajando con Andreani, seleccionando una alternativa logística adecuada para el transporte de alimentos.

La expansión internacional aparece, por ahora, como un objetivo de largo plazo.

Antes de cruzar fronteras, la prioridad es consolidar el mercado interno, fortalecer la demanda y garantizar que la estructura productiva pueda acompañar ese crecimiento.

Hempaz y la construcción de conocimiento

El proyecto de Cañamor está vinculado además con Hempaz, consultora especializada en inocuidad y tecnología alimentaria aplicada al cáñamo.

Tropea fundó la consultora junto con Anuar Peche, quien también pasó por Amor Vegetal para presentar su proyecto Cultivo Vegano Cannabis y es conocido dentro de la comunidad de Radio Sativa.

Los perfiles de ambos profesionales son complementarios.

Tropea aporta su formación en tecnología de los alimentos, seguridad alimentaria, gestión de calidad y experiencia dentro del ámbito sanitario. Peche aporta su recorrido vinculado al cultivo.

Desde Hempaz, ambos trabajan en el asesoramiento técnico a otros emprendedores que buscan desarrollar proyectos relacionados con el cáñamo y necesitan comprender cómo transformar una idea en un producto viable y formalmente comercializable.

Una semilla que empieza a generar industria

La historia de Cañamor excede al alfajor.

Su importancia está en demostrar que la incorporación del cáñamo al Código Alimentario Argentino puede transformarse en productos concretos cuando aparecen profesionales dispuestos a recorrer el camino completo entre la regulación, la investigación, el desarrollo, el laboratorio y la góndola.

También muestra una de las grandes oportunidades que tiene el cáñamo argentino: agregar valor a una materia prima mediante alimentos innovadores, generar nuevas cadenas productivas y construir mercados alrededor de una planta que durante décadas estuvo asociada casi exclusivamente a la discusión sobre sus usos psicoactivos.

El recorrido de Anika Tropea sintetiza esa transición. Primero participó de la construcción del marco regulatorio. Después utilizó ese conocimiento para desarrollar un producto propio y atravesó cada instancia necesaria para llevarlo al mercado formal.

El próximo desafío será que aparezcan más productores, más alimentos, más investigación y consumidores mejor informados.

Porque cuando una semilla puede pasar del campo al laboratorio, del laboratorio a una fábrica y de allí a una góndola con todas las garantías sanitarias, el cáñamo deja de ser solamente una promesa y empieza a convertirse en industria.

Desde Radio Sativa vamos a seguir acompañando ese proceso, difundiendo conocimiento, experiencias productivas y herramientas para quienes quieran formar parte de una industria del cáñamo responsable, regulada y sustentable.

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Autor: admin