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Durante décadas, la ciencia demostró que los hongos micorrícicos son fundamentales para la supervivencia de los bosques. Estos organismos establecen una relación simbiótica con las raíces de los árboles: reciben azúcares producidos mediante la fotosíntesis y, a cambio, suministran agua y nutrientes esenciales como fósforo y nitrógeno.

Ahora, una investigación desarrollada en la Universidad Libre de Bruselas (Vrije Universiteit Brussel - VUB) aporta una nueva pieza a este rompecabezas ecológico. El trabajo, realizado por el investigador Maarten Ottaway como parte de su tesis doctoral, demuestra que estas redes fúngicas también modifican su comunicación cuando los ecosistemas son sometidos a contaminación por metales pesados.

El experimento que permitió observar la "conversación" entre los hongos

El equipo científico estudió la interacción entre el hongo ectomicorrícico Laccaria bicolor y ejemplares de álamo (Populus), una asociación muy frecuente en numerosos bosques del hemisferio norte.

Los investigadores recrearon distintos escenarios de contaminación del suelo con metales para analizar cómo respondía el micelio, esa inmensa red de filamentos microscópicos que conecta raíces y hongos bajo tierra.

Los resultados mostraron que la contaminación no solamente afecta el crecimiento de los organismos. También altera la forma en que intercambian señales químicas dentro de la red subterránea.

Según explicó Maarten Ottaway:

"La contaminación representa un factor de estrés que ejerce presión sobre la simbiosis entre árboles y hongos, aunque en determinadas condiciones también puede estimular algunos mecanismos de adaptación".

Un sistema de comunicación invisible que mantiene vivos a los bosques

Las redes micorrícicas funcionan como una auténtica infraestructura biológica.

A través de millones de hifas —filamentos extremadamente finos— los hongos transportan agua, minerales, carbono y moléculas de señalización entre diferentes plantas.

El nuevo estudio demuestra que, frente al estrés provocado por metales presentes en el suelo, estas conexiones cambian su comportamiento, sugiriendo que los hongos coordinan respuestas adaptativas dentro del ecosistema para incrementar las probabilidades de supervivencia de la comunidad forestal.

Un hallazgo con aplicaciones ambientales concretas

Comprender cómo responden estas redes naturales frente a la contaminación podría abrir nuevas estrategias para la recuperación de suelos degradados.

Los investigadores consideran que este conocimiento puede resultar valioso para:

  • Restaurar bosques afectados por actividades industriales y mineras.
  • Diseñar programas de reforestación con especies más resistentes.
  • Mejorar técnicas de fitorremediación utilizando asociaciones entre plantas y hongos.
  • Comprender cómo el cambio ambiental modifica el funcionamiento de los ecosistemas.

El estudio también aporta información relevante para entender cómo los bosques mantienen su resiliencia frente a uno de los desafíos ambientales más importantes del siglo XXI.

Mucho más que simples organismos del suelo

En los últimos años, diversos trabajos científicos han confirmado que las redes micorrícicas constituyen uno de los sistemas biológicos más extensos del planeta. Investigaciones recientes incluso lograron elaborar el primer mapa global de estas conexiones subterráneas, estimando una longitud cercana a 110 billones de kilómetros, fundamentales para el reciclaje de nutrientes, la captura de carbono y la regulación climática.

Lejos de ser organismos aislados, los hongos aparecen cada vez más como piezas centrales de una compleja red de cooperación que sostiene la vida vegetal y ayuda a los ecosistemas a responder frente a las perturbaciones ambientales.

Un paso más para comprender el lenguaje secreto de la naturaleza

Cada nuevo descubrimiento sobre el reino fungi confirma que bajo nuestros pies existe un universo dinámico e inteligente, donde millones de organismos colaboran silenciosamente para mantener el equilibrio de los bosques.

Comprender estas conexiones representa una oportunidad para desarrollar estrategias más sostenibles de conservación, restauración y manejo ambiental.

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