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En un contexto marcado por la degradación de los suelos, la erosión y el aumento de los costos de producción, el cáñamo industrial comienza a consolidarse como una de las herramientas más prometedoras para la agricultura regenerativa.

Lejos de limitarse a la producción de fibra, alimentos o cannabinoides, esta variedad de cannabis con muy bajo contenido de THC puede sembrarse entre campañas agrícolas como cultivo de cobertura, una práctica que mejora la salud del suelo mientras prepara el terreno para la siguiente producción.

La periodista Carol Alencar, en un informe publicado por el portal brasileño Sechat, destaca que el cáñamo se integra perfectamente a los sistemas de cultivo circular, donde el objetivo no es solamente producir, sino también restaurar los recursos naturales que sostienen la agricultura.

¿Qué es el cultivo entre cosechas?

El cultivo de cobertura —también conocido como cultivo entre campañas o entre cosechas— consiste en sembrar especies vegetales durante los períodos en los que el lote permanecería sin producción.

Su función principal es:

  • proteger el suelo de la erosión;
  • conservar la humedad;
  • incorporar materia orgánica;
  • disminuir la compactación;
  • reducir el crecimiento de malezas;
  • favorecer la biodiversidad microbiana.

Dentro de este sistema, el cáñamo aparece como una alternativa especialmente eficiente debido a su rápido crecimiento y a su potente sistema radicular.

Un sistema de raíces que mejora el suelo desde abajo

Una de las mayores fortalezas agronómicas del cáñamo se encuentra bajo tierra.

Sus raíces profundas penetran capas compactadas, aumentando la aireación del suelo y favoreciendo la infiltración del agua. Al mismo tiempo, ayudan a recuperar la estructura física del terreno y facilitan el desarrollo del cultivo que se implantará posteriormente.

Cuando finaliza el ciclo del cultivo, los restos vegetales —tallos, hojas y raíces— permanecen sobre la superficie formando una cobertura natural que protege al suelo del impacto directo de las lluvias y del viento, reduciendo considerablemente los procesos erosivos.

Un aliado natural contra plagas y malezas

Otro de los beneficios señalados por especialistas es el control biológico.

Según explicó el ingeniero agrónomo e investigador de la Universidad Federal de Viçosa (UFV), Robert Gandra, muchas plagas agrícolas no encuentran en el cáñamo un hospedador adecuado, lo que interrumpe parte de sus ciclos biológicos antes de la siguiente campaña agrícola.

Además, el rápido desarrollo de la planta genera una cobertura vegetal densa que limita el ingreso de luz al suelo y dificulta el crecimiento de malezas, reduciendo la necesidad de herbicidas.

Una herramienta para combatir el cambio climático

El impacto ambiental también resulta significativo.

Diversos estudios internacionales citados por Sechat indican que el cáñamo puede capturar entre 8 y 15 toneladas de dióxido de carbono (CO₂) por hectárea cada año, convirtiéndose en uno de los cultivos con mayor capacidad de secuestro de carbono.

Al mismo tiempo:

  • consume menos agua que numerosos cultivos tradicionales;
  • requiere menos pesticidas;
  • favorece procesos de biorremediación;
  • puede absorber determinados metales pesados presentes en suelos degradados. 

Un negocio que también puede generar ingresos

El valor del cáñamo no termina en los beneficios ambientales.

Al tratarse de un cultivo comercial, los productores pueden aprovechar simultáneamente sus fibras, semillas o biomasa, obteniendo ingresos mientras mejoran la calidad del suelo.

En Brasil, las proyecciones citadas por Sechat estiman que el mercado del CBD podría crecer un 500 % hacia 2030, generando alrededor de 5.760 millones de reales y más de 14.000 puestos de trabajo, siempre que el marco regulatorio continúe avanzando.

Argentina también tiene una oportunidad histórica

Para Argentina, el escenario resulta especialmente interesante.

La Ley 27.669, que creó el marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial, abrió la posibilidad de incorporar este cultivo a nuevas cadenas productivas.

Con una adecuada reglamentación, investigación local, semillas adaptadas a las distintas regiones y acceso al financiamiento, el cáñamo podría convertirse en un aliado estratégico para recuperar suelos degradados, diversificar la producción agropecuaria y generar nuevas economías regionales vinculadas a la bioindustria y la agricultura regenerativa.

Un cultivo que mira al futuro

Mientras el mundo busca formas de producir alimentos reduciendo el impacto ambiental, el cáñamo demuestra que una misma planta puede generar fibras, alimentos, biomateriales y, al mismo tiempo, devolverle vida al suelo.

Su incorporación como cultivo de cobertura representa mucho más que una innovación agronómica: es una oportunidad para construir una agricultura más resiliente, rentable y sostenible.

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