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El gobierno de Misiones oficializó, a través del Decreto Nº 539, la disolución y liquidación de Misiopharma S.E., una firma creada en 2025 con el objetivo de posicionar a la provincia en el desarrollo del cannabis medicinal. La decisión, respaldada por el gobernador Hugo Passalacqua, se enmarca en un proceso de reordenamiento del Estado frente a un contexto económico adverso que —según argumentan— volvió inviable sostener la estructura.

“La prioridad es administrar bien los recursos públicos”, sostuvo el mandatario, dejando en claro que el foco está puesto en la eficiencia. En paralelo, se designó a Francisco Antonio Malica como interventor liquidador, encargado de llevar adelante el cierre administrativo y legal de la empresa, incluyendo la cancelación de su matrícula. Así, una sociedad 100% estatal que había sido presentada como estratégica entra formalmente en fase de liquidación.

En este escenario, comenzó a circular una preocupación clave: el destino de los trabajadores. Desde el entorno gubernamental aseguran que el personal no perdería su empleo, ya que sería reubicado dentro de la estructura estatal. Sin embargo, hasta el momento no se difundieron detalles oficiales sobre cómo se implementará esa transición ni en qué áreas serán absorbidos, por lo que el punto sigue bajo observación.

El movimiento remite inevitablemente a lo ocurrido en La Rioja con Agrogenética Riojana S.A.U., que el año pasado también avanzó en el cierre y reconfiguración de su esquema productivo vinculado al cannabis. En ambos casos, se trata de empresas estatales que nacieron con fuerte impulso político y proyección industrial, pero que terminaron ajustándose —o directamente desarmándose— frente a las condiciones económicas y a una revisión del rol del Estado en el sector.

En el caso misionero, incluso trascendió como estimación no oficial que la disolución podría implicar un ahorro anual cercano a los $1.500 millones, aunque ese número no fue respaldado públicamente con datos verificables. Más allá de las cifras, lo concreto es que el modelo de empresa estatal como motor del cannabis vuelve a ser puesto en discusión.

La historia todavía no terminó de escribirse. Entre cierres, reconfiguraciones y promesas de continuidad laboral, el sector entra en una etapa más cruda, donde ya no alcanza con la intención: hace falta sostener, ajustar y evolucionar sin perder el rumbo. Porque incluso cuando parece que todo se apaga, en esta industria siempre queda una brasa encendida esperando volver a prender.