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El municipio de Guaymallén dio un paso firme al aprobar la ordenanza 10357 que regula y promueve el desarrollo del cannabis medicinal y el cáñamo industrial a nivel local, alineándose con la Ley 27.350 y la normativa provincial vigente (Ley 9617). La autoridad de aplicación será la Secretaría de Gobierno y Desarrollo Social, que tendrá a su cargo funciones clave: coordinar políticas públicas, articular con organismos técnicos y sanitarios, supervisar el cumplimiento normativo y fomentar el desarrollo del sector en el territorio.

Uno de los puntos más potentes de la ordenanza es la creación de un Registro Municipal de actores vinculados al cannabis medicinal y al cáñamo industrial, que funcionará de manera complementaria al registro provincial. Esta herramienta permitirá ordenar la actividad, facilitar controles y generar datos estratégicos para la toma de decisiones. A su vez, se establece la conformación de una Mesa Sectorial Municipal integrada por organismos públicos, instituciones académicas y actores privados, con el objetivo de impulsar el diálogo, la planificación y el crecimiento coordinado de la industria.

En el plano productivo, la normativa promueve el desarrollo en distintas escalas, desde pequeños productores hasta emprendimientos industriales, con un fuerte enfoque en prácticas agroecológicas. Además, se incluyen incentivos concretos para quienes radiquen proyectos en el departamento, como la exención de tasas vinculadas a habilitaciones iniciales. Esta combinación de beneficios busca diversificar la matriz económica local y generar empleo en actividades agrícolas e industriales asociadas al cannabis y al cáñamo.

Según datos oficiales del Registro de Productores de Cannabis, actualmente existen 3 proyectos enmarcados en la Ley 27.350 —orientados a la investigación médica y científica—, junto con 2 proyectos de cáñamo industrial y 12 iniciativas de fitomejoramiento. Este ecosistema en crecimiento refuerza la necesidad de una regulación clara y un acompañamiento estatal activo.

Guaymallén entendió que el cannabis no es un problema a esconder, sino una oportunidad a cultivar. Si la semilla ya está en la tierra, ahora toca regarla con decisión, conocimiento y trabajo. Y ahí, el crecimiento deja de ser promesa para convertirse en realidad.