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Un pionero que sigue marcando el camino

En el aire de Amor Vegetal, Leo recibe a un invitado de peso: Adrián Luna, organizador de la histórica Copa Cannábica del Plata, un evento con más de 23 ediciones que ya forma parte de la memoria viva del movimiento cannábico argentino. Desde hace más de dos décadas, Luna impulsa estos espacios de encuentro, aprendizaje y visibilidad que han contribuido a consolidar una cultura de diálogo, activismo y reducción de daños.

Ahora, su mirada está puesta en una nueva propuesta que promete ampliar horizontes: la Copa de Clubes, un formato que reconoce el papel creciente de las asociaciones cannábicas en la escena nacional.

“Terminamos de hacer la convención hace unos meses —cuenta Adrián—, y este año participaron cerca de 30 clubes, el doble que el anterior. Ahí dijimos: ‘acá está la movida’”.

Su intuición, dice, viene de años observando la realidad, anticipándose a lo que vendrá. Luna no se define como un visionario, sino como alguien que “lee el mapa” y sabe hacia dónde se mueve la cultura.

La mirada puesta en la sociedad, no solo en la ley

Adrián insiste en algo clave: no se pueden comparar las regulaciones entre países. Cada Estado tiene sus propias estructuras, intereses y niveles de desarrollo institucional. Sin embargo, hay algo que sí se repite en todo el mundo: la reacción de la sociedad frente al cannabis.

“Ahí sí somos todos iguales —dice—. Es muy predecible lo que podría pasar. Y los clubes son los únicos que van a poder seguir en esto.”

Para Luna, los clubes son el corazón del futuro cannábico: espacios donde se cultivará, innovará, se generarán alianzas y circulará el conocimiento. En su visión, el modelo recreativo estatal —tan esperado en su momento— ha perdido fuerza frente a una realidad que se impone desde abajo: la autogestión.

“Ya no espero una regulación recreativa como antes. Conocer tus derechos y ejercerlos es lo que te da libertad. Pero en lo medicinal sí hay mucho por hacer. Ahí está la oportunidad.”

La nueva era: el primer B2B cannábico para ONG’s argentinas

De esa lectura nace la Copa de Clubes, pensada como un B2B (Business to Business), un espacio de encuentro entre ONGs, prestadores de servicios, distribuidores e importadores. Una red donde la comunidad se conecte para generar trabajo y nuevas oportunidades.

“Ahí está el laburo —asegura—. Hay pibes con muchísimo conocimiento y pocos con trabajo. Este formato apunta a unir esas piezas.”

Adrián explica que constantemente se abren nuevos clubes, surgen emprendimientos, se diversifican los servicios y aparecen nichos laborales que antes eran impensados: desde trimeadores hasta lavadores, desde desarrolladores de LED hasta expertos en genética.

El evento, pionero en su tipo, utilizará un sistema de registro por formulario —inspirado en experiencias uruguayas— donde cada participante podrá indicar qué ofrece y qué busca, generando así reuniones personalizadas entre partes interesadas.

“No podemos seguir conociéndonos solo por charlas en los growshops. Esto tiene que estar en una mesa. Y la Copa es ese punto de encuentro donde todo puede pasar.”

La Copa como punto de conexión y comunidad

El espíritu de la Copa sigue intacto: conectar, compartir y celebrar la planta. Además de los encuentros y el intercambio profesional, la competencia mantiene su esencia: las flores, las genéticas y la camaradería.

Cada club puede presentar hasta dos genéticas con un formulario técnico detallado: desde el método de cultivo hasta el terruño. Las catas se desarrollarán en tres turnos de una hora, con cuatro muestras por sesión, buscando un formato más profesional y cuidado.

“Entran limpios —dice Adrián entre risas—, sin churro. Después, cuando salen, se fuman todo lo que quieran. Pero la cata es sagrada.”

Una estructura más organizada, una red más sólida y una visión más amplia: la Copa de Clubes llega como una evolución natural de la cultura cannábica argentina. Un espacio donde lo comunitario y lo profesional se encuentran, y donde cada flor cuenta una historia de resistencia, creatividad y futuro compartido.

El jurado y la nueva generación de referentes

La Copa de Clubes no solo reúne a los mejores cultivadores y asociaciones del país: también convoca a un jurado de peso dentro del universo cannábico. Adrián Luna cuenta que la mesa evaluadora estará integrada por nombres reconocidos y respetados en la escena.

Entre ellos se encuentran Alberto Huergo, Juan Billy de Growers —conocido en los foros como Jamaica Knight y actual dueño de la tienda Growers—, Iván de Vira Vira, Bata Sativa, y el propio Adrián Luna. Además, no descarta la participación especial de Chirri Willy, desde Uruguay, figura histórica de la cultura cannábica rioplatense.

“Es una presión bárbara —admite Adrián—. Ya no es un evento para pibes que cultivan en su casa, sino para empresas con inversión, gente que se la juega en serio. Por eso tenés que hacer las cosas bien, que haya un retorno, que el esfuerzo valga.”

Nuevas categorías y mundos en expansión

Con el correr de los años, la Copa ha sabido reinventarse. En esta edición, Adrián incorporó una nueva categoría dedicada a los comestibles cannábicos, un rubro que crece a gran velocidad y que dejó atrás el viejo mito del “brownie de la marcha”.

“Hace dos años fue un boom —recuerda—. Era una locura: brownie, brownie, brownie. Pero hoy ya hay elaboraciones serias, productos cuidados, gente profesionalizando ese mundo.”

El espacio de los comestibles representa una puerta abierta a la innovación y al desarrollo gastronómico con cannabis, otro frente donde la cultura se expande y evoluciona.

Los orígenes del movimiento: memoria viva de una industria

Entre risas y recuerdos, Adrián retrocede más de dos décadas para narrar los orígenes de la industria cannábica argentina. Su relato es una crónica de pioneros, foros y conexiones que hoy parecen leyenda, pero que fueron los cimientos de todo lo que vino después.

“Pulpo arrancó en 2002, fue el primer grow de Latinoamérica. Desde ahí empezó todo.”

Luna rememora cómo en 2003 conoció a Mike (Bifari), en el primer congreso de cannabis medicinal organizado en Rosario por los activistas de ARDA, junto a figuras como Pablo Ascolani y Cocho Pérez. También recuerda a Fede Lion, conocido como Fede Smoking, importador de los primeros papeles Smoking en el país, cuando ni siquiera existían los growshops y los insumos se conseguían “por los quiosquitos”.

De la revista THC a Mamá Cultiva: la trama de una generación

La charla se sumerge en los años fundacionales de la cultura cannábica contemporánea. Adrián evoca los días en que la revista THC era apenas una idea.

“Mi suegro les alquilaba el departamento a los de THC. Los ayudábamos a armar los primeros números, a juntar info. No había nada, fue una locura hermosa.”

Entre anécdotas, Luna menciona cuando presentó a sus fundadores, en la Copa del 2006. Esa conexión, cuenta, fue el punto de partida de la emblemática publicación argentina dedicada a la cultura cannábica.

“Ambos (Sebastián y Ale) venían con la misma idea de hacer una revista. Les dije: ‘hablen entre ustedes’. Ocho meses después, ya tenían el proyecto armado.”

El movimiento no se limitó a Argentina. En 2008, William de Brasil, creador del foro Grow Room, visitó la Copa y se llevó la inspiración para fundar en su país la revista Sin Semente, una publicación que intentó replicar el espíritu de THC en el gigante sudamericano.

“Fue como ser un cupido del movimiento —dice Adrián entre risas—. Conectábamos mundos.”

Las semillas que encendieron la historia

Otro de los legados invisibles de Luna fue la introducción de las primeras genéticas internacionales al país. En 2004, mantenía contacto directo con Serious Seeds y Cannabiogen en España, quienes le enviaban semillas para las copas.

De esa época nacieron nombres míticos: Kali Mist, Destroyer, Mohan Ram, entre muchas otras. Luna las distribuía entre cultivadores argentinos, abriendo el camino a la diversidad genética que hoy se disfruta en todo el país.

“Las semillas me las mandaban para la copa, y yo las repartía. Así entraron casi todas las variedades que hoy siguen vivas.”

También recuerda cómo, más adelante, se sumaron bancos como Sweet Seeds y Dinafem, cuyos clásicos —como Moby Dick o Sweet Afgani Delicious — llegaron por los canales informales que él mismo había tendido.

“En un país donde nunca se pudo vender semillas, todo eso fue pura pasión y activismo. Nadie lo hacía por negocio.”

La nueva cita: 2 de noviembre en San Telmo

La próxima Copa de Clubes ya tiene fecha: 2 de noviembre, en San Telmo, Buenos Aires. El evento se perfila como un punto de encuentro único entre cultivadores, clubes, distribuidores, prestadores y activistas.

“No es un lugar grande, pero va a estar buenísimo. Hay comida, desayuno, almuerzo, todo incluido. Y los competidores van con comida también. Es un laburo bárbaro, pero vale la pena.”

Luna cuenta que, además de esta edición, ya está planificando un encuentro al aire libre para febrero, con nuevas propuestas que —como siempre— buscarán fortalecer los lazos de la comunidad y seguir expandiendo los límites del movimiento cannábico argentino

La Copa de Clubes es hoy un símbolo de todo lo que se logró construir desde los días de foros clandestinos y reuniones a escondidas. Es la confirmación de que la cultura cannábica argentina tiene raíces profundas y un futuro imparable.

Cada edición no solo premia flores, extracciones o comestibles: celebra años de resistencia, de aprendizaje colectivo, de pasiones compartidas. Y, sobre todo, consolida un tejido de alianzas entre cultivadores, jurados, medios y comunidades que siguen haciendo historia desde abajo, con trabajo genuino.

 

Autor: admin